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Hace 12 años hablar de suicidio en Bahía Blanca era directamente no hablar. El tema circulaba como un tabú sostenido por una creencia instalada con fuerza: que nombrarlo podía producir un efecto contagio. Esa idea, hoy desestimada por buena parte de la evidencia científica, fue el primer obstáculo que debió sortear un proyecto que buscaba crear un espacio institucional para abordar la problemática desde el propio Concejo Deliberante.
Una de las impulsoras fue la entonces concejal Miriam Iantosca. “Cuando entré al HCD vi claramente que era una necesidad urgente abordar esta temática tan compleja de forma articulada”, recuerda. Pero el proyecto no consiguió los votos necesarios en su primer intento. “Había un gran temor a hablar del tema; existía el miedo de que visibilizar pudiera producir un efecto contrario”, explica.
Para torcer esa resistencia, el equipo impulsor convocó a un plenario de comisiones. Ahí, dice Iantosca, “quedó en evidencia que era fundamental romper el silencio y empezar a trabajar de manera conjunta”.
El proceso legislativo fue largo: primero se aprobó por decreto, gracias al trabajo conjunto de concejales de distintos bloques como Raúl Woscoff y Gisela Ghigliani. Y recién años después, bajo la coordinación de la entonces concejal Romina Pires, la Mesa logró su aprobación definitiva como ordenanza municipal.


Así nació la Mesa de Abordaje para la Prevención del Suicidio (MAPS), que desde entonces funciona en el Concejo Deliberante, en Sarmiento 12, y reúne mensualmente a concejales de diferentes bloques políticos, profesionales de la salud mental, referentes de educación y organizaciones sociales.
Un espacio para dialogar sin descalificar
Para quienes integran la Mesa, su primer logro no fue una política pública puntual, sino algo más de base: instalar la posibilidad de conversar sobre el tema sin caer en el enfrentamiento ni en la descalificación de los saberes populares.
Belén Noceti, investigadora de la Universidad Nacional del Sur (UNS) e integrante de la Mesa, describe así ese enfoque: “Nunca le digamos al otro que su creencia es un mito, porque en esa sola preposición y oración le estamos diciendo al otro que lo que cree no vale”.
Para Noceti, la clave está en construir puentes en lugar de imponer certezas: “Cuando vos contraargumentás pero no lo descalificás, sino que dialogás y construís, hay una cosa distinta”. Esa lógica, explica, es la que permitió a la Mesa entrar en escuelas y comunidades “en el diálogo horizontal”, sin pararse “arriba a dar una capacitación”.
Ese mismo espíritu horizontal aparece en la voz de Marcela Magaz, trabajadora social e integrante de la Mesa desde sus inicios. Para ella, la MAPS “permite un diálogo abierto entre todos los sectores involucrados con la temática, desde la horizontalidad, incluida la comunidad”, y da “el marco necesario para poder pensar el abordaje de un tema no desde la fragmentación sino desde lo colectivo”.
El símbolo: una oreja
El logo de la Mesa (una oreja) condensa, según quienes la integran, la principal herramienta con la que cuentan para prevenir.
Lo explica Lucía Velaustegui, concejala y actual coordinadora de la MAPS, que se sumó como trabajadora del programa municipal Envión y hoy conduce el espacio desde el Concejo.
“La mejor herramienta que tenemos como adultos para prevenir es la capacidad de escucha”. Para Velaustegui, la Mesa cumple una doble función: es un lugar de análisis y seguimiento de políticas públicas, y a la vez un generador de espacios de formación “que nos sirven para estar atentos”.
De pedir datos a que sean obligatorios
Uno de los logros que más destacan las integrantes tiene que ver con algo tan básico como esquivo durante años: los datos oficiales sobre intentos de suicidio y suicidios consumados en Bahía Blanca.
“Hemos reclamado millones de veces los registros a Salud para saber las ideaciones suicidas que llegaban, infinidad de veces antes de que la reglamentación saliera, y no obteníamos esa información”, cuenta Noceti.
La constancia del reclamo, sostenido “anualmente y sistemáticamente” durante años, terminó torciendo la falta de respuesta: “Ahora están obligados a informar”.


Como resume la propia Noceti, “así se van cambiando las políticas sociales de a poquito, no bajando la guardia, solicitando y no claudicando en la solicitud“.
Ese trabajo de incidencia legislativa tuvo además un correlato concreto: Magaz recuerda que desde la Mesa “presentamos la ordenanza de la Guía de Intentos de Autoeliminación”, uno de los instrumentos normativos con los que hoy cuenta la ciudad para sistematizar la información sobre la problemática.
Lo que cambió: nuevas edades, nuevos riesgos
Si en sus comienzos la Mesa concentraba la preocupación casi exclusivamente en adolescentes, el diagnóstico se fue matizando con el correr de los años. “Estos últimos años se observó un corrimiento en las edades, focalizándose en personas jóvenes, varones, y también en adultos mayores“, señala Magaz, en base a los últimos informes epidemiológicos.

Ese corrimiento llevó a que las acciones de sensibilización que la Mesa organiza cada septiembre —mes en el que se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Suicidio— amplíen el foco: en 2024 y 2025 sumaron actividades con estudiantes terciarios y universitarios, y con centros de jubilados, después de detectar en el territorio que las personas de la tercera edad también necesitaban esos espacios.
A la vez, otro factor entró en la ecuación en los últimos años: el impacto de las redes sociales y las plataformas digitales. “Estamos atravesando un contexto social muy complejo, con mensajes que tienden a fomentar soluciones individuales, con mucha desesperanza”, advierte Magaz, quien suma a ese diagnóstico las dificultades socioeconómicas actuales como otro factor de riesgo.
Por eso, dice, es necesario seguir trabajando la forma en que se comunica el tema en los nuevos formatos —streaming, plataformas de noticias en redes—, tal como en su momento se trabajó con los medios tradicionales.
12 años de trabajo ininterrumpido
Además del entramado normativo, la Mesa construyó en más de una década una red de acciones que sus integrantes enumeran con orgullo: capacitaciones a docentes, médicos pediatras, estudiantes de carreras afines, personal de seguridad, organizaciones comunitarias, scouts y merenderos; una biblioteca virtual con material para la comunidad y para profesionales; intervenciones en el espacio público como murales y un cortometraje proyectado en Cinemacenter; capacitaciones a medios de comunicación; y el desarrollo del propio logo y de folletería, realizados por estudiantes de la Escuela Superior de Artes Visuales (ESAV).

También generaron encuentros directos con jóvenes —llegaron a reunir a más de 300 estudiantes secundarios en una sola actividad— y acompañaron a otros municipios de la región que decidieron replicar el modelo bahiense para conformar sus propias mesas de abordaje.
Todo eso, remarca Magaz, se sostuvo “sin interrupciones, aun en la pandemia”. Y agrega una imagen que resume la persistencia detrás de este trabajo: “Como suelo decir, una pared no se cae al primer golpe: la continuidad y la permanencia lograron que hoy de esto SÍ se hable”.
Los números hoy
Según datos del Departamento de Epidemiología y Calidad del Municipio, la tasa de suicidios en la ciudad bajó de 10 casos cada 100.000 habitantes a 7,5 desde 2023, un valor que se ubica por debajo de la tasa nacional, que hoy es de 11,8 cada 100.000 habitantes.
Se trata de un dato alentador, pero que las propias integrantes de la Mesa piden leer con cautela: la baja en la tasa general convive con el corrimiento etario ya mencionado, lo que exige seguir ajustando el foco de las políticas de prevención hacia los grupos que hoy concentran mayor riesgo.

Si necesitás ayuda, no estás solo/a
Emergencias: 107
Departamento de Salud Mental: 291 426-1642 (Zelarrayán 850)
Centro de Salud Mental y Adicciones: 4811850 / 291 533-9367 (Necochea 945)
Más puntos de encuentro y espacios de atención en: bahia.gob.ar/saludmental/
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