Si hay un lugar donde la historia de Bahía Blanca puede recorrerse caminando, ese es el Cementerio Municipal.
No solamente porque allí descansan miles de personas que fueron parte de la vida de la ciudad. También porque su arquitectura, sus monumentos y hasta la distribución de sus sepulturas cuentan cómo fue cambiando Bahía a lo largo de casi dos siglos.
Hoy tiene más de 60.000 sepulturas y unos 30.000 nichos. Pero antes de llegar hasta el predio actual, el cementerio tuvo varias mudanzas.

De la Plaza Rivadavia a las afueras de Bahía
El primer cementerio de Bahía Blanca estuvo en pleno centro, frente a la actual Plaza Rivadavia y junto a la primera iglesia.
Allí eran enterradas las personas bautizadas. Pero cuando se decidió construir la Catedral, en 1898, se retiraron los restos que todavía permanecían en ese lugar para poder realizar los cimientos.
¿Y adónde fueron a parar?
Los primeros cementerios formales estuvieron también en otros sectores que hoy resultan difíciles de imaginar como lugares de enterramiento.
Uno de ellos se ubicó en las inmediaciones del actual Mercado Municipal, entre las calles O’Higgins, Donado, Saavedra y Brown. Fue habilitado en 1842 y durante años fue conocido como el “cementerio indio”, ya que allí fueron enterradas numerosas personas de pueblos originarios.

Entre 1863 y 1864 el cementerio volvió a mudarse. Esta vez a un lugar que hoy conocemos como Plaza Pellegrini.
Sí: durante unos 20 años hubo un cementerio donde hoy hay una de las mejores plazas de la ciudad.
Pero Bahía crecía. Y, como consecuencia, también aumentaba la cantidad de entierros.
Por eso se buscó un terreno más alejado del centro. Las crónicas de la época hablaban de unas tierras ubicadas a unas 20 cuadras de la ciudad.
El predio tenía unos 1.600 metros cuadrados y fue habilitado el 28 de noviembre de 1885. En un primer momento apenas se construyó un muro de unos 2,5 metros de altura para cerrar el lote.
Pero todavía quedaba un problema: los terrenos no tenían completamente resuelta su situación dominial.
El intendente Ramón Olaciregui tuvo que contratar a un perito para regularizar los títulos de propiedad. Una vez solucionado ese conflicto, el cementerio quedó definitivamente instalado en el lugar donde continúa hasta hoy.
Una entrada que todavía guarda un misterio
La imagen más reconocible del Cementerio Municipal es su monumental acceso.
Las obras para construirlo fueron licitadas recién en 1943 y la arquitectura general del cementerio tiene una fuerte influencia de Francisco Salamone, uno de los arquitectos que dejaron una huella enorme en la provincia de Buenos Aires.
Su nombre aparece, por ejemplo, asociado al famoso cementerio de Tornquist.
Pero hay un detalle que vuelve todavía más interesante al acceso bahiense: no se sabe con certeza quién diseñó la portada de ingreso.
No está atribuida de manera definitiva a Salamone ni a otro arquitecto.
Una pequeña incógnita arquitectónica en la puerta de uno de los lugares más históricos de la ciudad.
Una ciudad también se construye con sus muertos
Caminar por el cementerio permite encontrar diferentes estilos y épocas.
Hay expresiones de art nouveau, art déco y monumentalismo sacro, además de esculturas, mausoleos, placas y lápidas de todo tipo.
Y hay algo todavía más interesante: el cementerio funciona como un espejo de la sociedad bahiense.
Hay grandes mausoleos familiares, sectores más modestos, lugares cuidadosamente mantenidos y otros que prácticamente quedaron abandonados.

Hay familias que hacen enormes esfuerzos para conservar el lugar donde descansan sus seres queridos y otras sepulturas a las que nadie visita.
También están el osario y el crematorio, cuya instalación fue licitada en 1991.
Personajes que hicieron Bahía
Entre las personas enterradas allí aparecen nombres fundamentales de la historia local.
Uno de ellos es Felipe Caronti, ingeniero italiano y una figura clave del desarrollo de la ciudad.
Caronti construyó el primer puente sobre el Napostá, impulsó escuelas e iglesias y también tuvo un papel importante en la creación del propio cementerio.
Su hermano, Luis Caronti, fue segundo intendente de Bahía Blanca y uno de los grandes benefactores de la ciudad.
Pero ellos son apenas una parte de las historias que pueden encontrarse detrás de las paredes del cementerio.
Porque allí descansan políticos, empresarios, artistas, profesionales, trabajadores, inmigrantes y familias enteras que participaron de la construcción de Bahía Blanca.

Un “dormitorio” para los muertos
Incluso la palabra cementerio tiene una historia interesante.
Proviene del griego koimeterion, que significa “dormitorio”.
Antes del cristianismo, estos lugares eran conocidos como necrópolis, literalmente “ciudad de los muertos”.
La idea del cementerio como lugar donde los muertos “descansan en paz” está vinculada justamente con esa concepción de descanso a la espera de la resurrección.
Y quizás por eso recorrer este lugar de día permite mirarlo de una manera diferente.
No solamente como un sitio de muerte. Sino como un enorme archivo de la ciudad.
Un lugar donde están enterradas las personas que vivieron, trabajaron, amaron, construyeron y transformaron Bahía Blanca.
El Cementerio Municipal es, en definitiva, otro de los emblemas que llegan a los 200 años junto con la ciudad. Y probablemente uno de los lugares donde más claramente puede leerse la historia bahiense.











