“Bahía es una ciudad gorila”.
- La frase aparece seguido en discusiones políticas, redes sociales y conversaciones de café. Se usa para describir una ciudad supuestamente antiperonista, conservadora y refractaria a los movimientos populares.
- Pero, ¿qué pasa cuando se revisa la historia política local?
Una forma de responderlo es mirar quiénes gobernaron la ciudad desde 1945, año en que nació el peronismo como fuerza política en Argentina.
Los primeros años del peronismo
Entre 1945 y 1955, durante los gobiernos de Juan Domingo Perón, Bahía Blanca tuvo 4 intendentes peronistas: Rafael Laplaza, Santiago Bergé Vila, José Aralda y Norberto Arecco.
La experiencia se interrumpió con el golpe de Estado de 1955, que derrocó a Perón y dio inicio a una etapa marcada por gobiernos militares y la proscripción del peronismo.
Entre golpes y radicales
Desde 1955 hasta 1973 la ciudad atravesó distintos gobiernos de facto. En ese período también gobernaron dos intendentes radicales: Haroldo Casanova y Federico Baeza.
La imposibilidad del peronismo de competir electoralmente durante buena parte de esos años hace difícil comparar fuerzas políticas en igualdad de condiciones.
El regreso del peronismo y otra interrupción
Con el retorno de la democracia en 1973, el peronismo volvió a ganar en Bahía Blanca. Eugenio Martínez asumió la intendencia y gobernó hasta el golpe militar de 1976.
Luego llegó la última Dictadura militar. Durante esos años la ciudad fue gobernada por autoridades designadas por el régimen.
Veinte años radicales
La recuperación democrática de 1983 marcó el inicio de uno de los ciclos políticos más extensos de la historia local.
Primero gobernó Juan Carlos Cabirón y luego Jaime Linares. Entre ambos sumaron veinte años consecutivos de administraciones radicales.
Ese período consolidó una imagen de Bahía Blanca asociada al radicalismo, las clases medias urbanas y una cultura política diferente a la de otros municipios bonaerenses donde predominaba el peronismo.
El regreso del peronismo
En 2003 el peronismo volvió al gobierno municipal.
Primero con Rodolfo Lopes, luego con Cristian Breitenstein y finalmente con Gustavo Bevilacqua. Entre los tres completaron doce años consecutivos de administraciones alineadas con el kirchnerismo.
Fue uno de los períodos más largos de predominio peronista en la ciudad.
La etapa PRO y el retorno de Unión por la Patria
En 2015 ganó Héctor Gay, referente del PRO, quien gobernó durante dos mandatos consecutivos.
En 2023 el peronismo recuperó el municipio con Federico Susbielles, actual intendente.
¿Qué dicen los números?
Si se suman los años de gobierno desde 1945 hasta la actualidad, el resultado es más parejo de lo que suele suponerse.
Los distintos espacios peronistas gobernaron Bahía Blanca durante aproximadamente 29 años.
Los gobiernos no peronistas —principalmente radicales y PRO— acumulan alrededor de 35 años.
En términos porcentuales, eso equivale a cerca de un 55% para los espacios no peronistas y un 45% para el peronismo.
La diferencia existe, pero está lejos de mostrar una hegemonía absoluta.
Una ciudad más compleja que un estereotipo
La historia política bahiense parece mostrar algo más complejo que la etiqueta de “ciudad gorila”.
Es cierto que Bahía Blanca tuvo una fuerte tradición radical, una importante presencia de sectores profesionales, universitarios y empresariales, además de una relación histórica con instituciones militares y navales que marcaron parte de su cultura política.
También es cierto que los gobiernos de facto tuvieron una presencia especialmente prolongada en una ciudad considerada estratégica por las Fuerzas Armadas.
Pero al mismo tiempo, el peronismo logró construir bases electorales sólidas en distintos momentos históricos, especialmente en sectores populares, sindicales, portuarios y ferroviarios.
La evidencia histórica sugiere que Bahía Blanca tendió a inclinarse más hacia espacios no peronistas que otras ciudades bonaerenses. Sin embargo, también muestra que el peronismo fue una fuerza competitiva, con capacidad de gobernar durante largos períodos y de recuperar el poder cuando parecía debilitado.
Quizás la conclusión sea menos contundente que el prejuicio. Bahía Blanca no parece haber sido una ciudad exclusivamente antiperonista. Más bien, una ciudad donde convivieron, disputaron y alternaron en el poder dos tradiciones políticas con raíces profundas.









