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Los kioscos barco: los pequeños edificios que terminaron convirtiéndose en un símbolo de Bahía Blanca

Un nuevo episodio de #EmblemasBicentenarios.

Parecen apenas un kiosco. Uno vende café. Otro helados. Algunos están cerrados. Miles de bahienses pasan todos los días por al lado sin prestarles demasiada atención.

Pero esas pequeñas construcciones de hormigón llevan casi 90 años formando parte del paisaje urbano y cuentan una historia mucho más grande: la de una ciudad que quiso mostrarse moderna, la de vecinos que defendieron su patrimonio y la de un diseño arquitectónico que todavía hoy sigue llamando la atención.

Los conocemos como kioscos barco. Curiosamente, durante más de medio siglo nadie los llamó así.

De los “armatostes” a la modernidad

Hasta fines de la década del 30, los kioscos municipales eran estructuras metálicas de chapa, de planta hexagonal, conocidas como “pagodas” o “chinescos”.

Cumplían su función, pero para la época ya eran considerados un problema estético.

Los diarios los describían como “vetustos y antiestéticos”. Traducido al lenguaje de hoy: eran tan feos que había que reemplazarlos.

Así fue que entre 1938 y 1940 la Municipalidad impulsó la construcción de nuevos puestos, más amplios, cómodos y resistentes, fabricados en hormigón armado. La obra fue ejecutada por el constructor Juan Taverna.

¿Por qué parecen barcos?

La respuesta está en una palabra poco conocida: Art Decó.

En aquellos años ese estilo arquitectónico dominaba buena parte del mundo y buscaba representar el progreso, la velocidad y la tecnología.

Y si había un objeto que simbolizaba el futuro durante las décadas del 30 y 40, eran los grandes transatlánticos.

Por eso muchas construcciones copiaban las líneas de las cabinas de los barcos: esquinas curvas, ventanas horizontales, bordes redondeados y una estética aerodinámica.

Los kioscos bahienses siguieron exactamente esa tendencia. En realidad no fueron diseñados para parecer barcos de manera literal: fueron concebidos con el lenguaje arquitectónico del Art Decó, que tomaba a los barcos como modelo de modernidad.

Lo curioso: durante 60 años nadie les dijo “kioscos barco”

Hoy el nombre parece obvio. Sin embargo, recién empezó a utilizarse a fines de los años 90.

Todo ocurrió durante la puesta en valor del edificio de la Bolsa de Comercio. El arquitecto Jorge Gazaneo, responsable de esa intervención, propuso demoler el kiosco ubicado sobre la esquina de Colón y Estomba para despejar la vista del edificio histórico.

La reacción vecinal fue inmediata: las críticas fueron tan fuertes que la idea quedó descartada y el propio Gazaneo terminó refiriéndose a la construcción como el “kiosco barco”.

El nombre quedó instalado para siempre.

De 8 kioscos a un patrimonio de Bahía

Originalmente fueron construidos 8. Con el paso del tiempo varios desaparecieron y hoy permanecen 6, aunque no todos siguen funcionando.

En 1992 fueron incorporados al inventario del patrimonio arquitectónico y urbano de Bahía Blanca, por lo que ya no pueden modificarse exteriormente.

Durante muchos años varios permanecieron abandonados.

Recién en 2021 el Municipio volvió a licitarlos para recuperar esos espacios y darles nuevos usos comerciales, desde cafeterías hasta heladerías. El canon que pagan los concesionarios se actualiza periódicamente y está destinado a obras civiles y tareas de mantenimiento de espacios públicos.

Mucho más que un kiosco

Los kioscos barco son uno de esos detalles urbanos que parecen insignificantes hasta que alguien cuenta su historia. Hablan de una Bahía Blanca que quería parecerse a las grandes ciudades del mundo.

Hablan de una época en la que la arquitectura transmitía optimismo y futuro. Y también de vecinos que, décadas después, evitaron que una de esas pequeñas construcciones desapareciera para siempre.

Hoy siguen ahí. Quizás vendiendo un café. Quizás cerrados.

Pero convertidos, casi sin proponérselo, en uno de los emblemas más curiosos y queridos de la historia bahiense.

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